lunes, 27 de febrero de 2012

“Heme aquí, envíame a Mí”

Muchas veces pensamos en los grandes hombres y mujeres de la Biblia y olvidamos que también fueron seres humanos comunes y corrientes; por poner algunos ejemplos: Abraham era viejo, Jacob inseguro, Lea sin atractivo, José fue abusado, Moisés tartamudo, Gedeón era pobre, Rahab una inmoral, David tuvo una amante y todo tipo de problemas familiares, Jeremías era depresivo, Jonás era rebelde, Noemí era viuda, Juan el Bautista era excéntrico, Pedro impulsivo, Marta preocupada por todo, La samaritana era fracasada en varios matrimonios, Zacarías era impopular, Tomás tuvo dudas, Pablo fue un enfermo, Timoteo era tímido. No era una lista fácil de adaptarse al ambiente, pero Dios los usó a cada uno de ellos para su servicio.

Según la Biblia todos nosotros fuimos creados para andar en buenas obras que Dios ya preparó de antemano (Efesios 2:10) No tenemos que esperar que una voz del cielo nos hable con nombre propio, y nos diga que tenemos que hacer (como sucedió con Saulo de Tarso). Sino tomar ejemplo de estos hombres que a pesar de su situación, circunstancia, o condición; dispusieron su corazón y respondieron al llamado de Dios “Heme aquí, envíame a mí”, eso generó el cumplimiento de lo que expresa el Apóstol Pablo en el la segunda carta a los Corintios “Bástate mi gracia, porque mi poder se perfecciona en tu debilidad”, Dios es experto en convertir nuestra debilidad en una fortaleza para que Su Nombre sea Glorificado.
Es un privilegio que el mismo Dios creador de todo lo existente lo escoja a uno como la herramienta para transformar las vidas de muchas personas y de esa manera llegar al conocimiento pleno de Cristo Jesús.
Es Tiempo de dejar los temores, miedos, o las miles de excusas y responder al llamado “Heme aquí, envíame a Mí”

…Dios no llama a los capacitados, El capacita a los llamados…
Autor: Andrés Scöllsz

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